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¿Qué es el patrimonio textil arqueológico?
Podemos entender como Patrimonio textil arqueológico a todas aquellas manifestaciones y materialidades de la creación textil, elaboradas y utilizadas por culturas pasadas, y que son rescatadas a través del trabajo de la Arqueología. Por lo tanto, este patrimonio comprende aquellas expresiones materiales realizadas mediante el dominio de técnicas textiles, que permiten producir variados tipos de prendas de vestuario, objetos de índole funcional y doméstico como también, de significación ritual de las sociedades que las produjeron.

Los textiles han cumplido desde tiempos remotos una importante función en las sociedades como objetos de alto valor simbólico y utilitario; han tenido un importante rol en comunicar diferenciaciones al interior de una sociedad, como entre sociedades distintas; también han constituido un recurso económico de intercambio, y en la vida cotidiana y ritual, han tenido un papel preponderante en la construcción y transmisión de costumbres y creencias. Asimismo, los textiles han sido desde siempre un medio de expresión creativo de quienes los producen, no sólo por el dominio de técnicas y materia primas, sino también por haber construido por medio de él, un lenguaje plástico y simbólico.

Gracias a la sequedad de nuestro desierto, Chile es uno de los pocos países que incluye entre su patrimonio arqueológico, una alta representación de objetos textiles, que dan cuenta de al menos 7000 años de evolución técnica. Constituyen así, una fuente de estudio fundamental para la arqueología, pues permiten comprender distintos aspectos de las sociedades de nuestros antepasados. La interpretación y estudio del patrimonio textil se ve más enriquecida aún, por cuanto son parte de la herencia de las sociedades andinas originarias, que hasta el día de hoy incluyen el tejido tradicional como parte de sus prácticas culturales.




¿Cuál es su importancia y Valor?
Al considerar la valiosa información que los textiles nos entregan sobre los antiguos habitantes de nuestro territorio, es necesario recordar que estos objetos fueron confeccionados con materiales sumamente frágiles, como son las finísimas fibras naturales de camélido o algodón. Los procesos naturales a que se vieron expuestas en uso, pero sobre todo, una vez que formaron parte de los ajuares y ofrendas mortuorias, los degradaron a través del tiempo. Por lo tanto, Chile es un país privilegiado al contar entre sus hallazgos, textiles de distintas épocas y culturas. En particular, el Departamento de Antropología de la Universidad de Chile cuenta en su colección con textiles que abarcan más de 3000 años de desarrollo y comprende 3 regiones de nuestro actual territorio.

Así, los textiles encontrados en excavaciones arqueológicas constituyen un valioso material de estudio para distintas disciplinas, ya que permiten indagar sobre aspectos de la vida doméstica, económica, ritual y artística de sus productores, de manera independiente de su estado de completitud, conservación y documentación.

La labor de la Arqueología y de la Conservación como disciplinas, ha contribuido a la preservación y valorización de los textiles, más allá de ser considerados objetos estéticamente valiosos, sino también, como patrimonio cultural (ICOMOS, 1990) y Monumento Nacional de nuestro país. ( Ley 17.288).

En dicho contexto, la Conservación ha contribuido al estudio y puesta en valor de estos objetos, implementado criterios teóricos y metodológicos para la protección de los bienes culturales como asimismo, estudiando aspectos culturales y naturales de su conservación material que aportan en otras instancias de investigación.

Por su parte, las investigaciones arqueológicas han permitido obtener valiosos conocimientos de la tecnología y materialidad de los objetos como de la función que tenían como producto material de una sociedad. Asimismo, los textiles poseen importante información asociada ya que muchas veces contienen residuos comestibles y otros objetos que nos hablan de la diversidad de actividades de una cultura. Podemos mencionar al respecto, que en el presente proyecto se ha encontrado al interior de una bolsa prehispánica del sitio Molle Pampa restos de maíz, hojas de plantas medicinales y semillas.

Sin duda alguna, los textiles son fuente de información cultural y científica. Sin embargo, es fundamental reconocer en este arte ancestral, una fuente de apreciación y aprendizaje para todos nosotros, en el plano artesanal, artístico y simbólico de actual vigencia en nuestra sociedad. Para que nuestro patrimonio textil se pueda conservar, estudiar y apreciar por todos, es de vital importancia el respeto y protección de los sitios arqueológicos en que se encuentran, siendo responsabilidad de todos velar por su resguardo, pues de lo contrario, estaremos privando a nuestra sociedad de su puesta en valor y a las comunidades originarias de un patrimonio ancestral.




¿Quiénes fueron sus creadores?
Las condiciones del desierto de Atacama no fueron un obstáculo para las poblaciones que lo habitaron. Es así como este espacio fue el escenario en que se desarrollaron distintas sociedades que a lo largo de los siglos forjaron eficaces formas de habitar un ambiente, que ante nuestros ojos puede parecer francamente inhóspito.  Sin embargo, estas mismas condiciones de extrema aridez, han permitido que en el área Andina, se conserve una gran cantidad de tejidos, que dan cuenta de la importancia que esta industria tuvo para sus antiguos habitantes y del virtuosismo de sus creadores.

Como la distribución de los recursos se encuentra salpicada en la superficie del desierto, sus antiguos habitantes optaron por organizar su asentamiento y actividades en torno a los lugares más propicios, generalmente asociados al recurso fundamental en este ambiente: el agua. Estos espacios suelen corresponder a oasis, ríos y vegas.

Es así como encontramos a las poblaciones de Chiu Chiu, que habitaron en los alrededores del poblado actual situado en el curso medio del río Loa.  Sus habitantes, estuvieron involucrados en un proceso crucial en la temprana historia local (4000 – 2000 AC), como fue la transformación de camélidos silvestres en domésticos y su posterior especialización en las funciones de carga. Esto permitió dos cambios fundamentales en los antiguos habitantes del desierto:  por una parte, un paulatino cambio hacia la crianza de llamas, sin abandonar del todo la caza y recolección como fuentes de obtención de alimentos y recursos; por otra parte, ampliar las posibilidades de transporte e intercambio con ambientes diferentes, no sólo en términos de distancia, sino del acceso a recursos que no podían ser producidos localmente.  Aunque aparentemente no fue el objetivo principal, la domesticación y posterior crianza de llamas, permitió a las poblaciones del desierto contar con una materia prima fundamental para la producción textil, es decir, la fibra o vellón de los camélidos.

Parte de la colección que hemos tratado en este proyecto da cuenta de este proceso. Los vellones, hilados y cordelería recuperados de diversos sitios de Chiu Chiu y sus alrededores inmediatos, nos ofrecen, aunque fragmentariamente, algunos indicios cercanos al primer milenio de nuestra era, de una temprana industria textil, a través del uso de cueros y pieles, como también de la elaboración de hilados por medio de la torsión de fibras y pelos, con los cuales se realizaron tejidos en técnica de anillado y en menor medida, con el uso del telar.

En otros territorios, como la quebrada de Tarapacá, encontramos evidencias del uso de hilados para la elaboración de turbantes, que son característicos de las poblaciones que habitaron el desierto entre el quinto siglo antes de nuestra era y el tercero de nuestra era.  Estas prendas se componen, principalmente, de madejas de hilados, de diversos colores, naturales y teñidos, dispuestas de manera ordenada en las cabezas de los difuntos. Esto sugiere que la fibra y los hilados,  el elemento más básico para realizar los tejidos, eran valiosos para deudos y difuntos.

Con el paso del tiempo, la técnica más empleada fue el tejido a telar, lo que habría permitido crear una mayor cantidad y variedad de objetos, entre los cuales destacan las prendas de vestuario y otros artefactos de uso cotidiano.  Entre las prendas de vestuario, la que está mejor representada en la colección del Departamento de Antropología de la Universidad de Chile, es la túnica, aunque existen también fajas, mantas y taparrabos.  Entre los objetos de uso cotidiano destacan las bolsas domésticas, compuestas principalmente por los costales (o sacos), usados para almacenar y transportar productos y las talegas (bolsas de menor tamaño), estas últimas usadas hasta la actualidad como recipientes para el traslado de alimentos en actividades como el pastoreo o para llevar semillas durante la siembra. Entre los objetos usados para los rituales, se cuenta la chuspa y la bolsa-faja; ambas habrían sido utilizadas para contener hojas de coca.

Todas estas actividades (producción textil, agricultura y pastoreo) fueron importantes y posiblemente se encontraban en pleno uso hacia el 900 DC y en los siglos siguientes, cuando las poblaciones que vivieron y enterraron a sus difuntos en torno al oasis de Pica, privilegiaron a las túnicas como la prenda principal en el ajuar de sus difunto, y a las bolsas con productos agrícolas como la ofrenda más importante. De esto, podemos igualmente presumir que la industria textil ya estaba plenamente consolidada, que las poblaciones prehispánicas creyeron necesario dotar a sus difuntos de las prendas que usaron en vida y de alimentos para seguir su existencia en la otra vida.





¿Cómo se tejieron?
Los textiles tienen uno de los procesos de manufactura más extensos, porque es necesario contar con una serie de elementos y realizar una cadena de procedimientos en su realización.

Esta cadena, parte con la obtención de algún tipo de fibras para producir los hilos o hilados, independiente de la técnica en que se los elabore. Las fibras que se usaron en esta colección fueron de origen animal –en este caso el vellón de los camélidos, posiblemente de llama o alpaca- o vegetal –algodón u otros vegetales. Una vez obtenidas las fibras, es necesario lavarlas para prepararlas para ser torcidas.

La técnica básica del textil es la torsión, que se emplea para lograr que fibras que no son muy largas, se vuelvan un haz continuo o cabo, que es la unidad mínima de los tejidos. La torsión se puede hacer de izquierda a derecha, lo que genera una línea diagonal denominada S, o en sentido inverso, generando una diagonal Z; los cabos así obtenidos, son generalmente retorcidos en número de 2 ó torzal, volviendo a generar estas diagonales, pudiéndose volver a retorcer cuantas veces sea necesario y posible para generar cables, que es lo que comúnmente se denomina cordelería.

Además de la dirección de la torsión, los hilados pueden variar según si la torsión se realizó de manera más floja o más fuerte y de acuerdo al grosor, que puede ser desde muy fino hasta muy grueso.

Con este procedimiento se puede obtener hilados con distintas características, por medio de variaciones de color, por la regularidad de los hilados o por sumar un efecto.

Los colores de los hilados se pueden producir por el uso de distintos tonos presentes en el pelaje de los animales o en los vegetales, o bien por medio del teñido. Cuando se emplea un solo color, los hilados son monocromos; sin embargo, también es posible usar dos colores, los que generalmente se distribuyen en cabos distintos, en cuyo caso se denominan molinés. Independiente del número de cabos, se pueden incorporar tres colores, en cuyo caso se denominan jaspes.

Aunque en esta colección la mayor parte de los hilados y cordeles son regulares, o sea tienen un grosor parejo, los hay también irregulares o con grosor disparejo. Generalmente, los hilados irregulares son gruesos, los que se usaron en las mantas, y es en estas prendas donde se ve la incorporación de efectos.

Con efectos, se alude específicamente, a que en el proceso de retorcer juntos dos cabos, se ha incorporado mechones de pelo, largos y cortos, que dan al hilado y al tejido, un aspecto peludo o mullido, respectivamente. Estos hilados, llamados bouttonné en una variante precolombina, permiten generar tejidos que parecen imitar el pelaje de los animales.

Todas estas variables fueron pensadas y seleccionados por quienes hilaron, de acuerdo al tipo de objeto que luego iban a tejer.

Una de las prendas que se realizó en épocas precolombinas sólo a través de los hilados, sin incorporar tejidos, fueron los turbantes. Estos se realizaron por medio de madejas de hilados enrolladas en torno a la cabeza, pasadas desde la frente a la nuca y vueltas a enrollar alrededor de la cabeza, cubriéndola por completo. Para sujetar los hilados se introdujeron los extremos bajo las mismas madejas.

Una vez que contamos con hilados, es posible tejer, lo que se logra por el entrecruzamiento de uno o más juegos de hilados. Cuando se cuenta con un solo juego de elementos, las estructuras se distinguen de acuerdo a la dirección en que evoluciona el tejido, es decir, horizontal o vertical.

Los trenzados corresponden –al igual que cables y cordeles- a la evolución del tejido por el entrecruzamiento vertical de los hilados. Por medio de esta técnica se obtuvo algunas trenzas delgadas, aunque un trenzado puede llegar a constituir un tejido de mayores dimensiones, como por ejemplo, algunas fajas.

El enlace simple es una estructura compuesta por un solo juego de elementos que evoluciona en sentido horizontal, que se conforma de anillos sueltos y abiertos, que son enlazados en la corrida siguiente, dando lugar a una especie de red.

En este grupo de estructuras también hay anudado, que suele agregar algún tipo de nudo a un enlace simple. El enlace anudado, presente en la colección, se conforma a partir de los anillos contiguos sobre una lazada como la que genera un enlace simple.

Asimismo, se pueden realizar anillos cerrados, en la medida que el elemento se entrecruza sobre sí mismo antes de formar el anillo adyacente. Asimismo, los anillos pueden ser simples o bien agregar una torsión sobre sí mismos antes de dar forma al anillo adyacente; estas variaciones generan, como su nombre lo indica, un anillado sencillo o un anillado con torsión.

Al contar con dos sistemas de hilados, uno vertical o urdimbre y otro horizontal o trama, es posible generar otro tipo de tejidos, sea por medio del torzal o de las técnicas de telar. Los tejidos en torzal, pueden también ser clasificados como técnicas de cestería y se realizan al enlazar dos elementos horizontales o tramas móviles en torno a elementos verticales o urdimbres fijas. Sobre esta estructura básica se pueden generar torzales por trama con elementos pareados activos en la trama, alternando los pares de urdimbre seleccionados en cada pasada o con pares de urdimbre alineadas.

En el tejido a telar, se produce el cruce en principio ortogonal, de dos sistemas de elementos o hilados, urdimbre (vertical) y trama (horizontal). De esta técnica se pueden generar distintas estructuras o ligamentos, que en esta colección se restringe al ligamento tela y faz de urdimbre. En el primero, ambos elementos son visibles, lo que implica que están equilibrados. En el segundo, las urdimbres ocultan a las tramas, lo que indica la existencia de un número mayor de urdimbres que tramas, o que las primeras son más gruesas que las segundas

Con el tejido a telar, se suele generar estructuras cerradas y compactas apropiadas, por ejemplo, para crear prendas de vestuario, como túnicas, mantas, fajas y taparrabos. También se usó esta técnica para crear piezas con fines utilitarios, como las bolsas domésticas, compuestas por talegas y costales, que se usan para contener y trasladar elementos pequeños o finos como granos y harinas que, sin embargo, pueden llegar a constituir cargas pesadas. Con la misma técnica se hicieron chuspas y bolsas-faja, ambas usadas con fines rituales.

En ese sentido, es importante destacar que previo a tejer una pieza, ya existió una planificación acabada del objeto terminado, lo que da cuenta de la gran capacidad de abstracción de sus creadoras y creadores. Esto es más importante aún al considerar que en el tejido andino, la pieza sale completa del telar, es decir, para crear la prenda final, sólo será necesario agregar una terminación que la cierre, pero las telas no se cortan ni se agregan para crear la prenda.

Así para tejer una manta, habría sido necesario sólo planificar un tejido rectangular. Para crear bolsas, igualmente, habría sido necesario realizar un paño rectangular, cuadrado o hexagonal –dependiendo de la forma final-, para posteriormente doblarlo en sentido horizontal o de la trama, para luego cerrar sus orillas laterales.

Para hacer túnicas, además de planificar su forma final (cuadrada, rectangular, trapezoidal, semitrapezoidal, con orillas de urdimbre rectas o curvas), en el proceso de tejer, aproximadamente en la parte central del paño, fue necesario crear un gran ojal. Una vez terminado el tejido y retirado del telar, la pieza fue doblada en forma horizontal (es decir, en sentido de la trama), de modo que este gran ojal constituyó la apertura para cuello y cabeza. Para dar forma a la pieza y cerrarla, las orillas laterales de la pieza fueron cosidas o bordadas, dejando en la parte superior dos nuevas aperturas para pasar los brazos.

La mayor parte de las piezas de esta colección fueron decorados por medio de las mismas técnicas con que se tejieron y en ese sentido, su decoración se logró a través de incluir hilados de distintos colores. Implica también, que sus artífices, no sólo debieron pensar en la forma final, sino también en los detalles que darían lugar a su decoración final.

 

Webmaster: Jose Ihnen 

 



 

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