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Acción colectiva y mejor calidad de vida, un análisis sociológico de la reducción de la jornada laboral

En promedio, los chilenos trabajan ocho horas diarias, lo que ha sido problematizado en las últimas semanas a raíz de la propuesta de la diputada comunista Camila Vallejo de reducir la jornada laboral

En promedio, los chilenos trabajan ocho horas diarias, lo que ha sido problematizado en las últimas semanas a raíz de la propuesta de la diputada comunista Camila Vallejo de reducir la jornada laboral

Mientras la iniciativa de adaptabilidad laboral del Ejecutivo pone el énfasis en la flexibilidad y la gradualidad, la de la parlamentaria recalca la necesidad de reducir la jornada de forma inmediata.

Mientras la iniciativa de adaptabilidad laboral del Ejecutivo pone el énfasis en la flexibilidad y la gradualidad, la de la parlamentaria recalca la necesidad de reducir la jornada de forma inmediata.

Miguel Urrutia, académico del Depto. de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales, analiza las consecuencias que tendría esta iniciativa en las relaciones laborales.

Miguel Urrutia, académico del Depto. de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales, analiza las consecuencias que tendría esta iniciativa en las relaciones laborales.

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Esucha aquí Podcast #2 Bitácora Social: Efectos de la reducción de la Jornada Laboral, con entrevista a Miguel Urrutia.

Los últimos días han estado marcados por una acalorada discusión pública sobre reducir la jornada laboral a 40 horas semanales como propuso la diputada comunista Camila Vallejo, apoyada por la oposición, o a 41 horas con flexibilidad, como contrapropone el Gobierno. Más allá de ambas iniciativas y las aprehensiones y advertencias sobre sus efectos en el empleo por parte del empresariado, las relaciones entre empleados y empleadores podría cambiar, haciendo cada vez más necesaria la acción colectiva, y cuya reducción de la cantidad de horas trabajadas mejoraría la calidad de vida y formas de convivencia, muchas veces violentas, que hoy se desarrollan en nuestra sociedad.

En promedio, los chilenos trabajan ocho horas diarias lo que se suma a sus tiempos de traslado, dejándoles poco tiempo y espacio para momentos de ocio, distención y vida personal. Calidad de vida que se ve afectada y ha sido problematizada en las últimas semanas a raíz de la propuesta de la diputada comunista Camila Vallejo de reducir la jornada laboral a 40 horas semanales. No conforme con esta iniciativa, el Gobierno de Sebastián Piñera propone rebajarla 41 horas semanales.

Así, mientras la iniciativa de adaptabilidad laboral del Ejecutivo pone el énfasis en la flexibilidad y la gradualidad, la de la parlamentaria recalca la necesidad de reducir la jornada de forma inmediata. Desde la vereda empresarial, se han levantado voces de alerta sobre la posible pérdida de empleos, en remuneraciones, y salud de las empresas. Sin embargo, según la última encuesta Cadem, el 75% apoya el proyecto de las 40 horas. que ya fue aprobado en la Comisión de Trabajo de la Cámara.

Miguel Urrutia, académico del Depto. de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, Doctor en Sociología por la Universidad de Lovaina, Bélgica, y experto en temas de sindicalismo laboral y en movimientos sociales, analiza las consecuencias que tendría esta iniciativa en las relaciones laborales.

-¿Qué consecuencias tendría para los trabajadores?

En un nivel más técnico y haciendo un alcance teórico previo, nos estamos refiriendo a relaciones productivas y de poder al interior de la sociedad chilena que se ven afectadas por medidas de este tipo, pero esas relaciones no son mecánicas ni tampoco son del orden de las ciencias naturales y exactas.

Por tanto, cuando un agente del gran empresariado dice “esto traerá consecuencias como el desempleo”, hay que pensar que ellos no están haciendo un análisis “objetivo” de una serie de variables sobre las cuales no pueden intervenir. En el fondo, el empresariado está manifestando una consigna con pretensiones de generar efectos e intervenir el orden de lo extralingüístico, no es solo un discurso sino que pretende tener alcances concretos sobre la materialidad de la vida de los trabajadores.

Por el contrario, ¿por qué se van afectar los puestos de empleo si se rebaja la jornada? Evidentemente, se crearían más empleos para suplir esas jornadas que se crearían al momento de recortarla que los trabajadores en este momento están activos.

Lo que sí es efectivo es que uno de los grandes problemas yacentes entre los trabajadores es el deterioro del salario. Sin embargo, al reducir la jornada laboral se produce un escenario donde el empresariado –que define de acuerdo a sus utilidades y costos de producción el valor de la mano de obra– mantendrá la actual acción de estancamiento de los salarios.

No se puede pretender que un proyecto resuelva todos los problemas de los trabajadores. En este caso, el problema de las mejoras salariales no es el objetivo de este proyecto. El objetivo de este proyecto es una mejor calidad de vida y esa mejor calidad de vida sin duda que –en la medida en que además no se vean afectados y se puedan crear nuevos puestos de trabajo– es una cuestión que aparece como algo necesario con el proyecto de las 40 horas.
Es una medida beneficiosa y necesaria, no solamente para los trabajadores sino que para resolver ciertos problemas de la sociedad chilena que ya se están evidenciando de manera muy drástica. Algunos de ellos son las formas de violencia que no tienen que ver con el trabajo, pero que si están concatenados.

Por su parte, la sobreexplotación y sobreendeudamiento –muy vinculados al mundo del trabajo ya que se recurre al endeudamiento porque los salarios no alcanzan– hacen que emerjan las promesas y posibilidades de consumo, siendo admirados en América Latina por acceder a él, pero que están subvencionadas por la deuda.

Con todos esos elementos, es posible armar y observar un panorama de porqué la sociedad chilena avanza rápidamente hacia niveles de violencia múltiples que se expresan de diversa manera y que, efectivamente, están afectando nuestra convivencia.

-¿Qué ocurre con la flexibilidad laboral, cabe el riesgo de que haya sobrecarga laboral?

En nuestra legislación –aun con lo deteriorada que está para el mundo del trabajo– no es posible la sobreexplotación porque a ningún trabajador se le puede obligar a sobrepasar la jornada laboral de 8 horas diarias, incluso si se le pagan horas extra éstas son voluntarias o bajo la modalidad de negociar los días de descanso.

Las jornadas de 12 horas son buscadas por algunos sindicatos para poder negociar los famosos 4x3 y 4x4. Se desarrolla ahí una especie de “domesticación de los trabajadores chilenos” ante la falta de protección y, a veces, debido al fenómeno que genera el consumo, el acoso de la deuda, los proyectos de inserción de los hijos en la universidad, aumento en los gastos familiares, la gente está bastante dispuesta a esto, aun cuando no estás obligada.

-En el caso, de quienes trabajan bajo el artículo 22 del Código del Trabajo sin un horario laboral fijo, ¿cómo se verían afectados?

Hay una seria de intersticios en la legislación chilena que –en los hechos– hacen que estas otras definiciones sobre topes y jornadas de horario en una franja importante de los trabajadores no se cumplan realmente.
En nuestra facultad, muchos entendemos el derecho laboral como una figura que produce –de una manera muy sencilla– el contrapeso de la negociación entre el empleador y el trabajador, esto dado que la relación laboral es por su naturaleza desequilibrada.

¿Cuál sería, entonces, la medida que podría palear esa diferencia de entrada en cualquier proceso que afecte las conversaciones, diálogos o negociaciones sobre calidad del empleo? Pues la clave es la negociación colectiva. No estoy hablando solamente en el sentido legal sino que como principio.

El fortalecimiento del carácter colectivo y sacarnos del imaginario la idea de que “si no te gusta te vas” (esa es la relación clásica) es indicativo de una concepción del trabajo. Nuestra civilización capitalista ha aceptado que eso no es correcto. Desde ese punto de vista, considero que este proyecto también es importante porque –más allá de los efectos técnicos– es una especie de punto de entrada a algún nivel de empoderamiento de los trabajadores.

Pienso que los empresarios a lo que más temen es a que no se les abra una grieta donde recuperemos, de verdad, este principio civilizatorio que decía recién de la acción colectiva frente a los sectores jerárquicos.

Carolina Escobar, periodista Facultad de Ciencias Sociales.

Miércoles 21 de agosto de 2019

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