Ann Ross en FACSO

Antropología Forense al servicio de los Derechos Humanos

Ann Ross, Antropóloga Física de la Universidad del Estado de North Carolina, E.E.U.U, visitó nuestra Facultad para ofrecer una charla sobre su trabajo como antropóloga forense en los territorios de Bosnia y Panamá. La investigadora relató su difícil experiencia en territorios azotados por la violencia interna, el genocidio y la destrucción.





Campamento en Bihac, antigua Yugoslavia.





Cementerio El Marañon en Coiba, Panamá.

¿Qué les sucedió a las victimas? y ¿cómo se puede lleva a la justicia a los culpables?, son la preguntas básicas que se hacen los antropólogos cuando identifican restos humanos en conflictos armados. En este tipo misiones de Derechos Humanos, la Antropología Física viene a encontrar esas respuestas, y pretende recolectar la evidencia necesaria para aclarar estos crímenes contra la humanidad.  Este es precisamente el trabajo de la Antropóloga de la Universidad del Estado de North Carolina, E.E.U.U, Ann Ross quien, este viernes 5 de septiembre, visitó la Facultad de Ciencia Sociales para contarnos su difícil experiencia en Bosnia y Panamá, territorios azotados por el genocidio y la violencia.

“En las Misiones Internacionales, la Antropología Forense tiene tres objetivos primordiales: la reconstrucción científica de los hechos, más allá de la retórica política; la recolección de evidencia que se pueda usar en la corte; y la identificación de los cuerpos” comentó la investigadora en la charla organizada por el Área de Antropología Física de FACSO. Sin embargo, esto no siempre resulta fácil: “Cuando llegamos a Bosnia sabíamos que los serbios habían cometido atrocidades horribles, pero no se podía tomar, había que usar solo la verdad científica y la evidencia que podíamos encontrar en los restos humanos”, sigue la antropóloga. En este sentido, los trabajos relacionados con Derechos Humanos, pueden ser solo para la identificación de los restos, como en el caso de Panamá donde la contingencia política aún no permite la búsqueda de culpables; o con el fin específico de buscar evidencia que pueda ser usada en las cortes internacionales para castigar a los culpables de genocidio.

El genocidio en Bosnia

En la antigua Yugoslavia, murieron más de 200 mil personas debido a las luchas independentistas entre serbios, bosnios y croatas. En Sebrenica, un área declarada segura por las Naciones Unidas, fueron asesinadas alrededor de 8000 personas en tan sólo unos pocos días (julio de 1995) la mayoría  de ellos hombres y ancianos musulmanes.

El equipo de investigación compuesto por un grupo interdisciplinario de antropólogos y patólogos, tenía la información de que en Bihac -una localidad al noroeste de Bosnia- habían sido torturados y asesinados 74 individuos en 1991 y se encontraba en fosas comunes en antiguas minas bajo tierra: “Acá se hizo sumamente difícil la identificación de los restos porque todos estaban mezclados, además podíamos quedarnos solo dos semanas por cada fosa, no más”, comenta la Antropóloga. En estas áreas de conflicto muchas veces se trabaja en condiciones de riesgo: “Siempre había temor por las minas antipersonales, no podíamos salirnos de ciertas áreas delimitadas pues en cualquier momento podían detonar, aunque un equipo de la policía debió retirar los artefactos explosivos anteriormente a nuestra llegada, pero el peligro estaba”, explica la profesora asistente de la universidad de Carolina de Norte.

En Bihac se usaron patrones de edad y sexo para población blanca de los Estados Unidos, lo que debido a la heterogeneidad europea, hizo muy difícil las identificaciones. Por otra parte, la mayoría de las víctimas eran campesinos pobres y no tenían ningún tipo de historial médico, y al preguntarles a los familiares por datos específicos como altura, peso, o enfermedades para hacer perfiles de los desaparecidos, sus respuestas eran casi siempre vagas.  A esto se suma la desesperación por encontrar a sus seres queridos: “En los alrededores del campamento de corrió la voz que había un grupo de investigadores identificando restos. Tuvimos que poner policías y guardias fuera de nuestras carpas porque lo familiares comenzaron a entrar, creyendo que se podían identificar los cadáveres sólo con abrir las bolsas. Ellos entraban, habrían una bolsa y sacaban un hueso, luego caminaban y lo ponían en otra, así es que con mucho dolor y ante la evidencia de que estaban mezclando los restos tuvimos que decirles que ya no podían entrar”, comentó la profesora Ross.

Sin embargo la ayuda de los familiares siempre resulta fundamental en este tipo trabajos humanitarios. Así lo explica la investigadora: “Al rescatar los restos, les sacábamos la ropa, la mandábamos a lavar,  poníamos una identificación y colgábamos en la cerca de nuestro campamento. Así los familiares, que habían llegado con la esperanza de encontrar a sus seres queridos, podían reconocer alguna pieza”. Finalmente partieron de la Antigua Yugoslavia habiendo podido realizar algunas identificaciones, pero dejaron entrenados a un grupo de patólogos locales, para que continuaran con el trabajo

Gerardo Olivares: Un chileno desaparecido en Panamá

En el 2001 Ann Ross y un equipo de investigadores -entre los que se encontraba la Dra. Loreto Suárez Directora de la Comisión de la Verdad- llegaron a la isla penal de Coiba que actualmente alberga a unos 100 reos. Según un informante clave, en el cementerio había cuerpos de las víctimas de las dictaduras de los generales Torrijos y Noriega. Debido a la contingencia política, en Panamá solo se trataba de una misión humanitaria y no se podía buscar culpables. Pero las condiciones no eran las óptimas: “En Panamá hemos identificado sólo algunos cuerpos. El problema es que al ser un ambiente tropical los restos estaban muy deteriorados por la humedad y como muchos de ellos son de los años 70, prácticamente es muy difícil encontrarlos ahora”, comentó la antropóloga forense.

En el 2004, fue en el cementerio, donde Ross y el equipo de expertos encontraron al chileno Gerardo Olivares, quien despareció en 1974.  Luego de su paso por la Fuerzas Armadas chilenas, y a inicios de los 70, Olivares decidió viajar a Panamá y se enroló en las fuerzas paramilitares contra el general Torrijos.  Fue capturado rápidamente y después de varios años en diversas cárceles panameñas, se le envió a las isla de Coiba donde fue asesinado.
Entre otras técnicas, en el caso de Olivares de usó la superposición de fotos con Photoshop, ya que no se pudo extraer ADN mitocondrial: “Este individuo tenía una característica única que era el ángulo de la nariz de 90 grados y eso nos ayudó en la identificación. Generalmente la técnica de superposición de fotos se usa para descartar, pero en casos como este, cuando el individuo tiene un tipo de morfología única, se puede usar como identificación positiva, casi como una huella digital y es aceptado como evidencia en cortes internacionales”, explica la antropóloga.

Las cifras dadas por el gobierno panameño habla de 100 muertos, durante los regímenes militares Omar Torrijos (1969-1981) y de Manuel Antonio Noriega (1981-1989), pero extraoficialmente se sabe que son muchos más: “Muchos familiares no quieren hablar sobre sus desaparecidos, porque todavía tienen temor a la policía y a los gobernantes, por eso se cree que son muchos más los muertos, pero oficialmente solo se reconocen 100”. Se presume fueron enterrados muchos otros en el Cementerio de Marañon en el litoral pacífico”, comenta la Dr. Ross. 

Comunicaciones FACSO
Lunes 08 de septiembre de 2008

 

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