Buscador de noticias

Por título o palabra clave

Opinión

Sociedad y Equidad: aportes desde la psicología

Reflexión del Prof. Jesús Redondo, Director del Departamento de Psicología, en el marco de la inauguración del VI Congreso de Psicología realizado entre el 9 y el 11 de noviembre en FACSO.

Es un honor y un desafío acogerlos hoy en la Universidad de Chile, en la Facultad de Ciencias Sociales para celebrar juntos, con la participación y aportes de todos y todas ustedes este VI Congreso Chileno de Psicología; que marca el séptimo año del trabajo realizado por nuestras carreras de psicología de la Red de Universidades del Estado de Chile. Un estado que hace años que no nos quiere, y como es tradición en nuestra historia chilena, nos ha dejado “huachos”. Corremos hoy, como instituciones públicas, la misma suerte que muchos y muchas de nuestros/as conciudadanos/as a lo largo de la historia de nuestro pueblo real. El estado actual no tiene interés real en sus instituciones; y sin instituciones públicas se desliza hacia la indefensión de las mayorías y la defensa de los intereses de las minorias.

El único motivo para estar aquí, tratando de compartir con ustedes esta comunicación/ponencia es que fui elegido para ocupar el rol/cargo de director del departamento de psicología de la Universidad de Chile; y presidir el Comité Científico de este encuentro. No creo poseer especiales méritos individuales; y quiero tratar de expresar una reflexión que pueda convocarlos a todos/as ustedes al debate de ideas y a seguir desarrollando vínculos que puedan ayudarnos como personas y profesionales a realizar aportes a la sociedad chilena, desde nuestra disciplina.

La sociedad chilena es una de las más desiguales e inequitativas del mundo. Y, como diría el emblemático “condorito”: ¡exige una explicación!; es más, la sociedad chilena quiere más que una explicación un cambio; está en condiciones de realizar un proceso (en el decir de M. Garretón) “refundacional”.

¿Puede la psicología chilena y los psicólogos/as chilenos/as sumarse a este proceso social?

I. Psicología y Psicólogos:

Responder la pregunta formulada no es simple.Nuestra disciplina tiene un origen y una trayectoria histórica complejos. En su origen se entrelazan raíces filosóficas[1] y raíces bio-fisiológicas[2]. Dando cuenta de una antropología de base dualista: cuerpo y alma; cuerpo y cerebro; cerebro y mente. Dualismo que también se extiende a la dicotomía entre lo individual y lo social.

Escapa a mi competencia, y al objeto de esta comunicación relatar los pormenores de todo el proceso histórico intrincado con el uso social de los “descubrimientos” científicos de la psicología en el ámbito de la manipulación social, la inducción al consumo, el control político, económico y cultural del sufrimiento humano, etc.

No es casual ninguno de los usos de la ciencia; ni de nuestra ciencia psicológica. La lógica estructuradora de los últimos 200 años de las sociedades humanas en la que se instituye la psicología es la lógica de acumulación capitalista. Y en esa lógica en el siglo XX, la psicología ha ido tornándose sumamente funcional. Y especialmente desde inicios de los años setenta se ha ido convirtiendo en la ciencia con más desarrollo profesional en cantidad de psicólogos, y en ocupación de espacios sociales de trabajo profesional. La psicología está en todo.

¿Qué psicología? ¿Para qué?

Más que una psicología, podemos hablar de psicologías; de ciencias psicológicas; que van desde aspectos de las neurociencias cognitivas hasta la psico-ontología, pasando por la psicología cultural y la etología comparada.Con diversidad de enfoques, de epistemologías y de métodos. Una diversidad creativa y caótica dispuesta, muchas veces, para el juego de las ideologías. Y especialmente desde su pretensión de neutralidad científica.

El intento de la ciencia y de la modernidad occidental de reducir lo real a lo racional; lo racional a lo eficiente; y lo eficiente al máximo beneficio de los propietarios (siempre minoría), al dejarla operar en el mercado; ha llegado también a la psicología, sin ninguna duda.

II. Sociedad y Equidad

Es un mito originario de religiones y culturas que los seres humanos seamos iguales. Y como mito contiene un sentido sustantivo: dirección, significado y sentimiento primigenios.Las modernas sociedades y estados, hijos de la ilustración, también han sustentado su imaginaria legitimidad en el “contrato social” basado en la igualdad de todos sus ciudadanos. Pero esta igualdad es en el orden de los principios: racionales, sentimentales, éticos, políticos, etc. Es la igualdad de principio la que permite justificar las desigualdades de hecho, mediante el derecho a la libertad.

Libertad que opera, en las sociedades de consumo actuales, mediante la propiedad. Iguales en libertades, desiguales en propiedades. Y en lógica de mercado acaba generando y justificando desigualdades de libertades. Pero lo real es que somos diferentes, y que los derechos de libertades pueden ser diversos (no solo de propiedades) siempre y cuando operen como ciudadanía social y no como mercado individual.

La equidad social es una condición para la cohesión social, para el proyecto país. El concepto es complejo, a veces es usado de forma muy ambigua; pero remite a la justicia social en las normas de organización y de distribución de la riqueza en una sociedad.

Ciertamente los acontecimientos de los últimos años van dejando en evidencia, para las mayorías, tanto en el mundo como en Chile; que las normas, o no existen o son violentadas sistemáticamente por los agentes del libre mercado desregulado; especialmente financiero. Los especuladores, como nuevos bucaneros de las aguas de la economía globalizada, saquean sin piedad a personas, grupos, instituciones y naciones con la colaboración activa o pasiva de la mayoría de los gobiernos. La política está secuestrada por la economía; y en nuestro país, adicionalmente, por el orden jurídico ilegítimo heredado de la dictadura sin acuerdo social.

¿Cómo promover la equidad social en este contexto?

Las políticas de focalización de ayuda a los más pobres, surten una suerte de analgésico sobre la conciencia social de las mayorías desfavorecidas: unos entran y otros salen en condiciones de vulnerabilidad. La estadística se torna un aliado para diversos usos, pero no resuelve el problema. El abuso de instrumental de medida (termómetros) no ha ayudado mucho a tener evaluaciones (valoraciones, juicios éticos y políticos, interpretaciones) que movilicen en la dirección de más equidad; más bien en intentos de ocultamiento de las vergonzosas inequidades e injusticias sociales. Solamente los ciudadanos organizados, las organizaciones populares y de estudiantes, han sido capaces de desvelar las tramas ocultas de nuestro desorden social.

Es posible que, como cientístas sociales, como psicólogos, debamos aprender de estos movimientos y de estas micro-organizaciones, las nuevas formas de combatir las inequidades y de generar equidad como fruto de la simple supervivencia humana, de la solidaridad genuina.

Construir sociedad es más que la pretensión de equidad; la justicia social es condición necesaria, pero no suficiente. La sociedad humana sigue regenerándose, permanentemente, desde la gratuidad[3], aunque se consolide con la justicia. El sufrimiento humano requiere más que justicia, requiere reconocimiento y auténtica compasión.La felicidad es mucho más que un estado anímico pasajero de cada uno; requiere la recomposición de vínculos horizontales y hogareños, al tiempo que libertades creativas y amplios horizontes de futuros posibles. Especialmente para las nuevas generaciones.

La equidad no se reduce a “dar a cada uno lo suyo”; sino a que cada uno podamos dar a todos todo lo que podemos y queremos. Se trata del bien común, de ese espacio y tiempo público que genera ciudadanía y que no se somete a las lógicas mercantiles, ni se reduce a las lógicas del cálculo de poder. Es el poder genuino del deseo de ser humano con otros, de ser valioso para otros.

III. Aportes de la psicología:

Y algunos de ustedes se preguntarán que tiene que ver esto con la psicología. ¿Cuáles son los aportes de la psicología para caminar por senderos de equidad en nuestra sociedad?

La psicología (o las psicologías) pueden aportar interesantes perspectivas para, multidisciplinariamente, trans-disciplinariamente, colaborar con los movimientos sociales para lograr más equidad social. La ciencia, los intelectuales y profesionales no son los llamados a dirigir la sociedad, ni los movimientos ciudadanos; como señalaba el presidente Evo Morales en la última Asamblea General de CLACSO en Cochabamba: debemos ser la retaguardia, defender los avances y conquistas de las sociedades y los movimientos ciudadanos y sociales. Sin duda para evitar volver atrás, a la barbarie de un capitalismo salvaje, a una nueva y oscura edad media sin estados, a deslizarnos sin conciencia desde un neoliberalismo a un neofascismo.

Quiero destacar tres aspectos de los aportes de la psicología; dejando seguramente muchos otros también muy relevantes.

En primer lugar, la psicología propone e instituye en el sentido común de los ciudadanos y las culturas los parámetros de la “normalidad” y los márgenes de las diferencias tolerables para los individuos, los grupos y las sociedades. Este atrevimiento está en el origen de nuestra identidad disciplinaria y tiene un instrumental específico: los test, la psicometría. Es la utilización de la medición estadística como criterio científico de evaluación; es decir, de valoración política, ética y social. Esta pretensión tiene repercusiones muy significativas en ámbitos laborales, escolares, clínicos, etc., y está a la base del mítico poder profesional del psicodiagnóstico.

La apuesta actual por la diversidad y las diferencias como posibilidad de la supervivencia de identidades y subjetividades personales, grupales, culturales y sociales; nos exige repensar la constitución de los criterios de normalidad, de medición y de psicodiagnóstico; así como sobre todo su uso social y cultural, al someterlos a procesos de mercantilización en los ámbitos educativos, de salud, judiciales, etc.

En segundo lugar, con el proceso social del siglo XX, la psicología también ha sido víctima y victimario de una suerte de neoliberalismo psicológico. El enfoque de la unidad bio-psico-social del ser humano ha ido concentrándose en una mirada centrada en el individuo, olvidando los procesos sociales y culturales que sustentan sus procesos subjetivos. Se ha producido una suerte de psicologización de los problemas sociales, haciendo a cada individuo responsable solitario de sus circunstancias e impidiendo el abordaje colectivo, grupal, social de los mismos. Ocultando, bajo el intento de empoderamiento, libertad individual y sentimientos; la potencialidad humana de la comunidad, lo colectivo, el abordaje grupal de los problemas. Saliendo de lógicas culturales autoritarias y tradicionales hemos, quizás, caído en no prestar atención suficiente a los contextos, a la dimensión pública de los procesos sociales y a la ventaja que las élites minoritarias y su cultura sacan de la falta de proyectos colectivos, sociales, nacionales, etc.

Finalmente, y en tercer lugar, señalar algunas tareas urgentes y aprendizajes necesarios hoy para las psicologías:

En el ámbito de la salud, y específicamente de la salud mental, es quizás necesario salir del encierro en el seting clínico individualizante para abrir la potencialidad del abordaje clínico de los grupos, las comunidades, las instituciones. No podemos, las universidades públicas, seguir formando profesionales para las consultas privadas de las clases más acomodadas de la sociedad. Hemos de abordar la tarea de formar profesionales para las instituciones públicas de salud donde se encuentran arrojadas las mayorías de nuestros ciudadanos y ciudadanas. La psicología tiene, sin duda, carta propia entre las ciencias de la salud.

En el ámbito de la justicia, la reforma procesal penal y familiar ha abierto campo profesional para los psicólogos; pero exige una posición decidida por relacionar en el ejercicio profesional concreto la justicia penal con la justica social; y por ello ampliar la mirada a los derechos humanos y las garantías jurisdiccionales. Es un ámbito con lenguajes y conceptualizaciones específicas que requiere una presencia profesional también específica, en la que no vale simplemente aplicar lo que utilizamos en otros ámbitos de ejercicio profesional; sería una irresponsabilidad profesional grave.

En el clásico ámbito del trabajo humano, y hoy del consumo y el endeudamiento masivo; no podemos desconocer las especificidades de la psicología económica. El sufrimiento humano en el trabajo y su relación con la creatividad y/o con la depresión y angustia; el consumo con “deuda” y su relación con los sentimientos de falta (pecado); y los complejos procesos de reconocimiento y dignidad personal relacionados con la propia identidad, con la apariencia y distinción social, etc.;son específicamente significativos en la cultura chilena exacerbada por estos últimos más de 30 años de dominio casi absoluto de las leyes de mercado sin contrapesos culturales y políticos suficientes.

La intervención psicosocial y su relación con la recomposición de los tejidos sociales regionales, locales y poblacionales; nos exige la necesidad de no ser meramente funcionales a políticas sociales focalizadas de contención social del malestar mediante procesos participacionistas que solo aseguran gobernabilidad provisional; pero que no se centran en la reconstrucción del empoderamiento ciudadano para una insurgencia soberanista de las mayorías sociales (en el decir de G. Salazar). El intento de asumir el sufrimiento y la pobreza como problemas solo individuales y de grupos desfavorecidos o vulnerables, y no abordarlos como auténticas enfermedades psicosociales sistémicas que se interrelacionan: género, juventud, infancia, tercera edad, familia, ecología, etc. Abordarlas de forma aislada o interrelacionada cambia la potencialidad de las intervenciones y generan tejidos sociales.

 

Hoy día está de nuevo de moda todo lo que se relaciona con el campo de las neurociencias. El hardware, la investigación dura. Con una sofisticación instrumental y de abordaje micro celular; con aportes significativos para la comprensión del funcionamiento de las conductas más elementales; pero sin dar cuenta de los sentidos de las mismas; y con el agravante de la dependencia de tales avances de las propiedades de las patentes y de los financistas y sus intereses. No basta aportar conocimiento científico más o menso relevante; no basta conocer por conocer. Se requiere un sentido ético y político del conocimiento y de sus usos y abusos.También aquí la lucha por la equidad social tiene sentidos propios: desde la dignidad animal a la manipulación genética o los riesgos de la inteligencia artificial de base bio-nanotecnológica. El futuro está ya presionando sobre el presente, y la ciencia ficción es más real de lo que muchos pensamos.

Y he dejado para el final el ámbito de la educación, porque es el que más creo conocer y porque hoy está presente en todas nuestras instituciones de educación superior y en el centro del debate nacional.

La psicología educacional ha transitado por todos los avatares de la psicología en su proceso histórico. De estar centrada en las diferencias individuales medidas por procedimientos normalizadores; a abordar desde las escuelas las políticas preventivas y promotoras de la salud mental; a pretender solucionar los problemas de aprendizaje mediante la ampliación de conocimientos psicológicos de los profesores y educadores; y a asumir que sin interactuar con las comunidades locales y las familias, las escuelas y los psicólogos no hacen sino actuar de colonizadores de las clases populares desde los valores y criterios de sentido de vida de las clases medias, con los currículum decididos por los intereses de las élites nacionales e internacionales, sin pertinencia para los etilos de vida y valores de las mayorías sociales, los pueblos y las culturas originarias. Hoy sabemos que las escuelas no son necesariamente instituciones orientadas a lograr desarrollar la educación de las personas y los grupos humanos, sino más bien para reproducir las condiciones sociales, impedir el desarrollo cultural de los pueblos o domesticarlo en el sentido de los intereses de los capitales financieros y su ansia insaciable de más productividad, crecimiento económico para las ganancias de cada vez menos, a costa del empobrecimiento y endeudamiento cada vez mayor de las mayorías.

La escuela, la escolarización, la única institución obligatoria para todos, cada vez más años, se ha convertido, especialmente en chile (país modelo de experimento del neoliberalismo mundial) en el punto focal del descontento, la indignación, la protesta y tal vez de la transformación social.

Intentar mercantilizar los derechos educativos, y poner el lucro privado por encima del bien común de lo público, ha llevado a una extrema segmentación escolar (mayor que la social y territorial), una suerte de apartheid educativo. Adicionalmente, el aumento de cobertura en contexto de negocios sin oferta mínima de calidad; la falta de regulación, la falta de democracia y participación real de los profesores, las familias, los estudiantes e incluso los directores y rectores; nos ha colocado al borde del colapso educativo y social. Basta ver los titulares de algunas ponencias que se anuncian para el Enade 2011: Un mundo indignado; el capitalismo cuestionado ¿Qué no estamos viendo?; No hay peor ciego que el que no quiere ver; poder ciudadano; la política en tela de juicio; la institucionalidad en jaque.

La educación pública escolar y universitaria, en Chile está declarada en peligro de extinción, por la fuerza combinada de una suerte de cuatro jinetes del apocalipsis (metafóricamente):

1) El jinete ideológico, impuesto en la dictadura, por la fuerza de la fuerza (17 años)

2) El jinete político, operado por la clase política intentando mejorar la educación, pero dentro de lo posible que permite el modelo (20 años)

3) El jinete económico, se genera un buen campo de negocio en que los anteriores y muchos otros tienen buenas ganancias.(37 años)

4) El jinete social; movilizaciones sociales descoordinadas uno de cuyos efecto, año a año, es la disminución de lo público en educación.

La movilización social que termina, en muchas ocasiones, siendo auto-castigadora de las propias instituciones públicas y de los propios actores sociales. Necesitamos posicionar la urgencia de coordinación entre los actores sociales, en función de los objetivos de un nuevo proyecto social para Chile en contexto latinoamericano; programa educativo de corto, medio y largo plazo; estrategias para las mayorías; y tácticas creativas, enfocadas en ganar hegemonía, logrando un nuevo sentido común y deteriorando las resistencias de las élites.Algo que ocurrió en los primeros meses de las movilizaciones de este año, pero que no se supo mantener, entre otras cosas, por la incapacidad de todos los actores de salir de la propia burbuja; de captar el momento histórico y relativizar lo propio por lo común y lo público para las mayorías. Captar el inicio, o la continuidad, de un largo proceso en que la organización y la confianza son más importantes que los logros inmediatos.

Educación y Psicología: poner todas nuestras capacidades profesionales para responder a las necesidades de las mayorías populares de Chile. Iniciar ya ahora, en los procesos de formación profesional universitaria los cambios curriculares necesarios para adaptarlos a las demandas reales de las escuelas y los liceos públicos de cada una de nuestras regiones y localidades. Y no solo las necesidades del sistema escolar, sino de todos los otros ámbitos sociales.

Jesús Redondo, Director Departamento de Psicología.

Jueves 10 de noviembre de 2011

Compartir:
http://uchile.cl/s76476
Copiar

Enviar

Nombre Destinatario:
E-mail Destinatario:
Su nombre:
Su e-mail:
Comentarios: