Departamento de Antropología

Antropología frente al Bicentenario

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Prof. Mauricio Uribe Rodríguez, Director del Departamento de Antropología FACSO.

Hace 100 años en Chile no existía la Antropología, al menos la Antropología que conocemos hoy, por lo que el Bicentenario nos obliga a pensar más sobre los desafíos que en los aciertos de una disciplina que justamente se ha ido construyendo durante este período. Han transcurrido ya varias décadas de aquello y de la fundación del Centro de Estudios Antropológicos en la Chile (1954), ocurrido por decisión del entonces Rector Juan Gómez Millas. Con la fundación del Centro se produjo la incorporación formal de la Antropología en la Universidad de Chile, fundamentalmente como una actividad de investigación y desarrollo de la disciplina. Fueron los antiguos miembros de la Sociedad de Prehistoria quienes con entusiasmo lograron instalar la Antropología en la Universidad, dentro de la Facultad de Filosofía a la que se adscribió en ese tiempo.

En La Antropología y sus Campos de 1974, hace menos de 40 años, Carlos Munizaga expresó toda su capacidad para exponer y desenvolver la reflexión teórica en torno a la actividad antropológica y desde la realidad chilena. Sin duda, junto con ser un fundador de la formación disciplinaria en Chile y en el seno de la Universidad de Chile a través del CEA, es importante destacar su capacidad de pensar nuestro quehacer con la amplitud heurística donde convergen la antropología física, cultural, social y la arqueología. De este modo, se constituyó una manera particular de concebir a la disciplina y a partir de la cual se creó una comunidad antropológica de la que participamos y somos herederos, la que a su vez nos otorga identidad y un sello propio que nos distingue dentro del escenario nacional. Sin duda, esta peculiar característica de las antropólogas y antropólogos de la Chile es la que nos interesa exponer públicamente aprovechando el contexto del Bicentenario.

Es un buen momento para repensarnos de acuerdo a lo que hacemos como el mismo Munizaga planteó respecto a la prehistoria (mi campo afín): Heidegger dijo que mucho pensamiento humanista es descalificado como mero sentimiento, especulación porque es difícil de "medir"...Pero,...en la prehistoria [y -agrego- en la antropología] chilena, necesitamos un método, una estrategia en que predomine el contexto de la actitud de descubrimiento "de apertura a lo nuevo". Así, después de varios años y décadas, buenas y malas, hay un nuevo contexto nacional e intelectual donde nuestra comunidad hoy se consolida, particularmente en este Departamento de Antropología. Frente a esta situación, retomamos un llamado de crecimiento y renovación, pero también de debate y autocrítica, sobre nuestra historia y la realidad que se ha configurado desde esta Casa de Estudios, sin duda la más importante del país. Otra vez citando a Munizaga:...es necesario visualizar los campos, poseer categorías para clasificar y orientarse en la mole de los fenómenos estudiados; conocer las posibilidades de estudio práctico, teórico, técnico y de la aplicación y las vinculaciones interdisciplinarias. En definitiva,...estar alerta al peligro de quedarse obsoleto en su propia disciplina o en las líneas generales de las con que la Antropología se encuentra a cada momento...Sin duda, esta actitud quedó aletargada después de 1974, pero hoy se deben retomar con otras fuerzas los problemas y expectativas que superaron los paradigmas, si bien no los problemas, del ya pasado siglo XX.

Al repensarnos y configurarnos como comunidad e institución frente al país y al mundo, cómo no volver a los orígenes y ancestros de nuestra práctica y reflexión teórica, pues justamente son la base y fuente para proyectarnos al futuro, en tanto fueron quienes se enfrentaron vívida e intelectualmente a los distintos Chile que han ido sucediéndose en el tiempo. Es una manera de recuperar y construir la memoria que tantas veces nos falta o se nos ha arrebatado para entender nuestra propia historia y sociedad con sus múltiples y complejas facetas. En este sentido, todos ellos resumen nuestros múltiples intereses que, como lo planteara didácticamente el gran "olvidado" Alejandro Lipschutz en su discurso a la Sociedad Chilena de Antropología de 1970, decía: Por cierto, homo sapiens como ente anatómico y fisiológico y también su origen y evolución, nos interesan debidamente en el marco de la Antropología Física de nuestros días...Pero homo sapiens nos interesa también por otros aspectos más: homo sapiens tiene conciencia, tiene voluntad consciente, y homo sapiens habla. Así pasamos, volens-nolens, obedeciendo a la realidad humana, de la Antropología Física a la Cultural. Hay otro momento más y de sumo interés...: homo sapiens no es sólo Sapiens sino también Opifex. Es decir, homo sapiens fabrica herramientas y otras cosas que él necesita en su vida diaria, en su lucha por la existencia...nos encontramos forzosamente en el campo de la auténtica Arqueología.

Siguiendo al mismo autor: Son muy diversas especialidades o profesiones científicas, que hoy se resumen con el término de Antropología, y uno con frecuencia no sabe si está en el predio de la Antropología o en los "sacros" límites de la Biología y Sociología". Sin duda, lo anterior no es muy distinto a lo que experimentamos hoy, porque es lo que nos caracteriza y es lo que esperamos hacer comprender mejor y hacer público al país, recogiendo otra reivindicación de Lipschutz cuando proclamaba en  1968 su derecho:...a meterme en cosas tan delicadas como la legislación indígena, los inquilinos pobres y los "rotos"; clamo, sin embargo, enfáticamente por mi derecho. Y no sólo es mi derecho, sino mi saber sagrado.

El CEA tuvo su vigencia entre 1954 y 1969, cuando se transformó en Departamento de Antropología y Arqueología, consolidándose como foco de atracción para intelectuales y profesionales, pero sobre todo extendiendo la posibilidad a todos los chilenos y chilenas de sumergirse en esta experiencia de las ciencias sociales. Cuando años después se convirtió en este Departamento de Antropología y se organizó la docencia en torno a la carrera de Antropología, esta orientación unificadora de la disciplina se ha hecho presente en los programas de enseñanza que perduran hasta hoy. En efecto, hace más de 50 años que empezó un período de universitarización de la antropología chilena y que hoy se une con el feliz florecimiento de ella en múltiples organismos académicos, públicos y privados. En este lapso,  hemos sido fieles a la tarea antropológica, pese a la constante discusión sobre su objeto como ciencia en la que en algunos casos se llega a afirmar que no es ciencia ni tampoco posee un objeto; lo que atrae sin duda, las mayores incertidumbres tanto a los alumnos que se inician como a los propios académicos que enseñan y, por supuesto, al público general. Y cito literalmente a Munizaga: Pues, en este desafiante mundo de las ciencias sociales, sigo fiel a este proyecto de etnografía de la Universidad que he ambicionado. Y siento que bajo las humildes experiencias personales, las viejas y las nuevas notas recolectadas hasta hoy mismo en los pasillos de la Universidad, corren ríos profundos de significado y que sólo es necesario escuchar con alguna atención [...] De tal manera que tal vez, al final de mi carrera de antropología, en lugar de una etnografía, sólo habré formulado una especie de letanía, constituida por una sucesión de estas invocaciones de protección de todo mal para los Antropólogos y la Ciencia.

El sello de la concepción antropológica como disciplina integral y diversa al mismo tiempo, más allá del debate ideológico que esto pueda suscitar, se hace presente en la actualidad y se vierte en nuestras nuevas generaciones. Hoy día los conocimientos de la disciplina y la docencia de la carrera se regeneran y cambian a ritmos agigantados al aporte de varias generaciones de antropóloga/os que operan en el país desde distintas instituciones, las que se han incrementado y variado notablemente en las últimas cuatro décadas. Hemos transitado del interés intelectual personal hacia la construcción de historias disciplinares, incentivando la formación de equipos de trabajo y cierta territorialización de la disciplina hasta una antropología temática, promocionada por las universidades, el Estado y actualmente la legalidad ambiental y la empresa privada. La necesidad de estudiar, investigar, publicar y debatir, por lo tanto, se ha ampliado; dejando atrás algunos momentos de oscurantismo que la realidad nacional obligó a acallar, ubicándonos hoy en día en posiciones de opinión intensas y muchas veces tensas. Las tensiones y corrientes de opinión que bullen al interior y fuera de la comunidad antropológica hablan, más allá de las crisis, de un Departamento y una carrera que se esfuerzan por mantenerse vigentes e instalarse con mayor propiedad en la sociedad nacional, sustentados en el insumo que representan nuestros estudiantes de la más alta calidad nacional.

Sin embargo, uno de los mayores desafíos que hoy enfrentamos es pensar que llevamos 200 años de estado-nación, en los cuales nos hemos estado construyendo e imaginando de determinada forma cómo somos los chilenos y chilenas. Chile en 200 años es infinitamente distinto, pero también tiene elementos culturales tradicionales y conservadores que lo identifican y definen frente a otras realidades nacionales. Y, como intelectuales no hemos hecho todo lo suficientemente posible para reconocer nuestra multiculturalidad, abordar las diversas identidades y recabar nuestra memoria, la que por cierto tiene más de 10 mil años de antigüedad. Todavía debemos hacer el ejercicio de cómo pasamos de ser indios y españoles, a criollos y campesinos, inmigrantes urbanos y ciudadanos, desde el dominio masculino hasta vislumbrar una mayor horizontalidad con lo femenino, reconocer el desarrollo económico pero también todas las desigualdades que eso implica y que nos convierte en una sociedad terriblemente injusta y poco equitativa. Por lo mismo, estos dos siglos no serán una celebración para todos, porque si uno lo ve desde el otro lado -que es la gracia de la Antropología-, no sé si para las comunidades mapuche, para las clases más pobres o para quienes tienen otras orientaciones sexuales es un momento de celebración, porque en realidad significa el haberse constituido como un Estado que no reconocía esas identidades; al contrario, generó una serie de traumas en esas comunidades que se han arrastrado en el tiempo como una serie de problemas que son los que se traslucen hoy día en distintas tensiones y conflictos que se generan por tratar de incorporarlos como chilenos. Y, usando un concepto de Bourdieu, es en estos campos donde nuestra Antropología tiene una deuda grande, a la vez que alentadora para enfrentar un tercer siglo.

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