Departamento de Psicología

Discurso de la Dra. Claudia Capella en la Ceremonia de la Entrega de la Medalla Doctoral

Discurso de la Dra. Claudia Capella en la Entrega de Medallas Doctorales de la Universidad de Chile.

Quisiera partir agradeciendo el honor de estar aquí representando a los graduados de doctorados de la Universidad de Chile. Espero que con mi experiencia y reflexiones personales pueda también, interpretar parte de sus experiencias.

Y este es un honor no sólo personal, sino también, para la Facultad de Ciencias Sociales y el Doctorado en Psicología, donde realicé mis estudios, en la medida que implica un reconocimiento al importante crecimiento que han tenido los postgrados en dicha facultad. Todo esto en el marco del proyecto bicentenario, que tiene por fin revitalizar las humanidades, artes, ciencias sociales, y de la comunicación, reconociendo el rol fundamental de estas áreas del conocimiento para el desarrollo de nuestro país.

Y lo primero es felicitarnos, recibir la medalla doctoral, implica alcanzar el mayor grado académico que se entrega en nuestra Universidad, lo cual claramente da cuenta del gran desafío que cada uno de nosotros comenzó y terminó de manera satisfactoria.

Al intentar escribir este discurso pienso ¿Quiénes somos? ¿Qué es lo que nos une hoy aquí?
Lo que nos une, es el final de un importante camino, que ciertamente envuelve logros y desafíos.

En el inicio, probablemente, muchos de nosotros comenzamos el doctorado pensando en la necesidad, la pasión y el interés por aprender, por investigar, por vincularse al mundo académico o fortalecer dicha vinculación. Obviamente esta decisión implicó cambios, en términos vitales, laborales, de recursos económicos, u otros. Así, para cada uno de nosotros el doctorado, se inserta en una trayectoria vital y laboral, decidimos estudiar el doctorado en un momento particular de nuestras vidas, ya que probablemente en ese momento se unió el interés y la motivación, con condiciones que lo hicieron posible.

Y comenzamos el doctorado. Mi experiencia como alumna la recuerdo muy positivamente, desde el aprendizaje enorme que significó, las invaluables enseñanzas de nuestros profesores, así como el esfuerzo, la dedicación y la perseverancia, principalmente en el proceso de tesis, el cual siempre fue acompañado de manera cercana por el profesor tutor, y otros académicos que evaluaron, y guiaron nuestro trabajo. Sin embargo, uno de los aspectos que más destaco es la posibilidad de crear, de generar nuevos conocimientos, y la confianza y la guía que el doctorado nos imprimió para realizarlo con autonomía y libertad de pensamiento, lo cual es un sello de nuestra universidad. Así, tengo una vivencia profundamente positiva de la experiencia, como una instancia de aprendizaje, de creación y alegría.

Seguramente una de las razones por la cual elegimos la Universidad de Chile para continuar nuestros estudios, fue debido a su liderazgo indiscutido en investigación y docencia de postgrado a nivel nacional, teniendo los doctorados de esta universidad un cuerpo académico de excelencia, lo que resulta tremendamente nutritivo y motivante en nuestra formación. Por lo cual, hoy, al graduarnos, resulta esencial agradecer el apoyo de nuestros profesores, los importantes conocimientos trasmitidos, las experiencias mostradas, la estimulación que nos generó a seguir aprendiendo y creando. Y por supuesto agradecer también al personal de colaboración que hace posible el funcionamiento de los programas.

En la formación de los doctorados es necesaria la vinculación a la investigación y el desarrollo de sus académicos, lo que es posible en una universidad con todas sus letras, como la chile, donde la academia conlleva la vinculación entre docencia, investigación y extensión. En este contexto reconocemos el prestigio y la excelencia de esta casa de estudios, donde es posible la realización de investigación de frontera, que trasciende, y resulta novedosa en el área de investigación particular en la que nos desempeñamos, valorando la diversidad de las parcelas del conocimiento.

Sin embargo, junto con reconocer los esfuerzos personales que implicó la realización del doctorado, claramente todos reconocemos el apoyo de nuestras familias, parejas y amigos, tanto en términos concretos, como en el ánimo y la energía para continuar lo iniciado con dedicación. Dentro de eso, destaco el apoyo de los compañeros de doctorado. Se suele decir que los doctorados son muy solitarios, no fue mi experiencia, no solo por la guía de los docentes, sino por la posibilidad de trabajar, reír, sufrir y apoyarse con los compañeros, realizando un trabajo colaborativo.

Junto con los esfuerzos personales y familiares, también es importante pensar en las condiciones sociales que nos permiten estar aquí. Así, los invito a pensar en los que no están aquí y ni si quiera se imaginan en este posible camino. Este es un elemento relevante, en el contexto de la Universidad de Chile, que se caracteriza por ser una Universidad pública. En ese sentido, es importante reflexionar en torno a la identidad de esta institución, y cómo se puede favorecer la mayor equidad también en el acceso a los postgrados.

Dentro de esas condiciones, probablemente muchos de nosotros realizamos nuestros estudios con becas, lo cual es un significativo apoyo desde el estado a la formación de capital humano en investigación. Y en ese sentido, la posibilidad de recibir apoyo favoreció realizar los estudios, e incluso aprovecharlo mayormente, en la medida que se dieron las condiciones para realizarlos. Los beneficios y número de becas han mejorado desde que comenzamos a estudiar, sin embargo, aún se requiere una política pública más comprometida con la formación académica, que pueda proveer becas para la realización de doctorado, considerando las condiciones reales de recursos necesarios en nuestra realidad nacional, para profesionales con formación, potenciando mayores y mejores becas. Así como un mayor compromiso del estado con sus Universidades públicas.

El doctorado permite una formación como investigadores. En este sentido, al finalizar el doctorado, y recibir hoy la medalla doctoral, sentimos que hemos finalizado una etapa relevante en nuestro camino académico. Probablemente, la realización del doctorado se ha vinculado a otras trayectorias, nos estamos dedicando a la vida académica, hemos sido contratados como profesores o investigadores en una universidad, o centro de investigación, algunos probablemente han seguido estudiando un postdoctorado. Incluso es posible que entre nosotros haya destacadas personalidades del mundo académico. En este camino, hemos culminado una etapa que significó esfuerzos y retos, y seguramente, estamos hoy todos muy felices de este importante logro.

Sin embargo, creo que este logro nos implica también desafíos a futuro, somos doctores de la Universidad de Chile.

Y en eso, creo que uno de los desafíos más relevantes es que seamos investigadores responsables.

Esto nos lleva a la pregunta ¿para quienes escribimos? ¿Para qué investigamos?

En un contexto donde prima la importancia de la productividad y los indicadores, resulta un desafío poder generar investigación que tenga un impacto social, que signifique un cambio de las prácticas, que implique acciones a nivel de las comunidades con las cuales trabajamos. En esta línea, estoy convencida que nuestra investigación sólo tiene sentido si conlleva un aporte en nuestro contexto nacional, si podemos vincularla a nuestro entorno, a nuestra ciudad, a nuestro país. Este probablemente es uno de los aportes de haber estudiado en Chile, que podemos aplicar el conocimiento generado de manera local, de una manera creativa, para que también pueda tener un impacto internacional.

Y este es el sello de haber estudiado en la Universidad de Chile, de ser investigadores responsables, en el ámbito del saber en el cual nos desempeñemos. Que pensemos en el impacto e implicancias que tienen los conocimientos generados.

Así, el desafío es que en el recorrido académico la investigación se encuentre ligada a la docencia que realizamos, y también a la extensión. En este sentido la relevancia de que no nos cerremos en la academia, que podamos abrirnos a los conocimientos que nos aportan los sujetos de investigación, las comunidades donde trabajamos, y podamos compartir y nutrirnos también de los conocimientos generados desde otras disciplinas, sin cerrarnos en nuestras oficinas o laboratorios, llevando los conocimientos generados a la sociedad, los difundamos, logremos que nuestros conocimientos y creaciones tengan un impacto en la vida de las personas y el desarrollo de nuestro país.

Y creo que el desafío más importante, es llevar esta medalla con humildad. Reconocer este logro con humildad, como parte de un recorrido académico, de la construcción de un camino, pero reconociendo que la academia no es el único espacio de saber, y éste es un oficio como otros.

Nos hemos formado como investigadores, lo cual implica siempre hacerse preguntas, siempre asumir que hay algo que no sabemos y necesitamos saber, investigamos en las áreas donde no sabemos, vamos a la realidad, al campo, al laboratorio, a los libros, a conversar con personas, buscando responder a las preguntas que no tenemos respuestas, y en ese sentido es fundamental reconocer que seguimos aprendiendo, siempre.

Y esta es una medalla que será parte de nuestros logros, parte de quienes somos, por lo cual no debemos olvidarnos de los desafíos que implica, con el fin que nos sintamos orgullosos de que seguimos caminando.

Humildemente, sin pretender ponernos al mismo nivel, quisiera terminar con una frase de Neruda al momento de recibir el nobel:

"Cómo podría yo levantar la frente, iluminada por el honor que Suecia me ha otorgado, si no me sintiera orgulloso de haber tomado una mínima parte en la transformación actual de mi país?"

Gracias.

 

La Doctora en Psicología, Claudia Capella, es académica del Departamento de Psicología y Coordinadora Académica del Magíster en Psicología Clínica Infanto Juvenil

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