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Departamento de Educación

José Luis Medina analizó el sentido de la calidad en la enseñanza y cómo innovar en la labor pedagógica

José Luis Medina, Profesor titular de la Facultad de Educación de la Universidad de Barcelona.

José Luis Medina, Profesor titular de la Facultad de Educación de la Universidad de Barcelona.

Distintos profesores h se han adaptado a la era digital y han incorporado nuevas técnicas de enseñanza al interior de las aulas, como las Tecnologías de la Información  TIC .

Distintos profesores h se han adaptado a la era digital y han incorporado nuevas técnicas de enseñanza al interior de las aulas, como las Tecnologías de la Información (TIC).

Pasar de un modelo de enseñanza más tradicional, donde el profesor transmite conocimientos a sus estudiantes a uno centrado en el estudiante y su contexto, utilizando las Tecnologías de la Información (TIC), son parte de los desafíos en la formación de los y las docentes que plantea José Luis Medina, Profesor titular de la Facultad de Educación de la Universidad de Barcelona. Durante su paso por Chile, participó del "Seminario permanente de informática educativa", organizado por el Magíster en Educación Mención Informática Educativa de la U. de Chile.

La globalización propia de nuestro tiempo ha generado una sociedad más conectada virtualmente, con nuevas herramientas de información y distensión apropiadas por las personas cada vez a una edad más temprana. Paulatinamente, distintos profesores han optado por adaptarse a este nuevo contexto dominado por la era digital y han incorporado nuevas técnicas de enseñanza al interior de las aulas, como las Tecnologías de la Información (TIC).

Nuevos tiempos implican nuevos desafíos para la labor docente, replanteando también una interrogante constante y es el sentido de la calidad y cómo alcanzarla. Invitado por el Magíster en Educación Mención Informática Educativa de la Facultad de Ciencias Sociales de la U. de Chile, el académico español José Luis Medina expuso estos y otros temas en el “Seminario permanente de informática educativa” y en otras instancias académicas realizadas a fines de septiembre.

Medina es Profesor titular de la Facultad de Educación de la Universidad de Barcelona en el Departamento de Didáctiva y Organización Educativa. Licenciado en Pedagogía y Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación. Su trabajo docente e investigador ha venido desarrollándose en los últimos diez años en los ámbitos de la Formación del profesorado, la Epistemología pedagógica, la Investigación Cualitativa y la Metodología de la Enseñanza.

Ha asesorado pedagógicamente a diversas instituciones educativas y sanitarias nacionales e internacionales. Es autor del libro “La profesión docente y la construcción del conocimiento profesional”, reconocido en España como un punto de referencia para la transformación del currículo de formación de formadores.

También dirige varias tesis doctorales sobre temáticas relacionadas con la formación de profesores y la educación superior. En la actualidad dirige el proyecto I+D coordinado “El Conocimiento Profesional del profesorado universitario: procesos de construcción y transferencia a la práctica docente”.

-¿Cuáles son los desafíos que enfrentan los(as) profesores(as) en el marco de las reformas de Educación Superior en Europa, específicamente España, y en Chile?

Existe un desafío que es primordial y complejo de llevar a la práctica. De manera resumida, tiene que ver con el cambio de concepción de lo que significa el trabajo del profesor dentro del aula. Es complejo porque tiene que ver no solamente con cuestiones organizativas o estructurales de diseño de la malla curricular, sino que tiene que ver con la identidad del profesor.

Ese cambio consiste, principalmente, en cambiar la docencia “transmisiva”, donde el profesor dicta una clase a un grupo más o menos numeroso de estudiantes el saber codificado. Su comprensión de la disciplina y de la materia se realiza de manera unidireccional para que sea –supuestamente– asimilado, reproducido y consignado en unas pruebas.

De dicho modelo se está pasando o se intenta pasar a una concepción mucho más moderna y ya con suficiente respaldo empírico: una concepción en la cual el estudiante y su aprendizaje sea el centro, y no el profesor con la materia.

Esto implica una transformación profunda de pasar de un profesor que transmite la materia de una forma “erudita” y muy adecuada, a un profesor que acompaña en un proceso mucho más complejo, mediante el cual el estudiante se apropia de las estructuras y significado de los conceptos de las disciplinas.

En todo ese proceso, el profesor más bien resulta ser un acompañante, un mentor, alguien que ayuda al estudiante a resolver las dificultades que ese proceso de apropiación del conocimiento codificado en las disciplinas y, eventualmente, de transferencia a su futuro campo de práctica profesional le genera.

-¿Qué importancia tienen las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) en los procesos de enseñanza-aprendizaje del siglo XXI?

Tienen un papel clave tanto para los procesos de diseño de los programas de capacitación y del área de aprendizaje como en el propio desarrollo de los programas, desde campus virtuales pasando por múltiples herramientas que pueden ayudar a los estudiantes a la mejora de su aprendizaje. Además, el uso de las TIC en determinadas zonas donde la Universidad se implanta contribuye a garantizar cierta equidad, acceso al conocimiento y acceso a la cultura.

En cuanto a la investigación en la Universidad, hoy no se puede pensar una investigación de calidad con los enormes flujos de información que existen en la actualidad, sin determinados desarrollos informáticos que permiten el acceso, la filtración de la información, su análisis tanto en el proceso de la construcción del marco teórico –fase previa de documentación– como todo el proceso después de recogida de análisis de la información.

Hay una serie de riesgos también como toda innovación, pero en cualquier caso no solamente es necesario su concurso, sino que hoy es imprescindible. No se puede entender el trabajo en la Universidad sin estas estrategias o metodologías, o sin estos recursos.

-¿Cuál es el sentido al hablar de calidad en la formación universitaria?

Primero, hay que precisar que la calidad es un término polisémico que significa cosas distintas; en distintos lugares podemos estar hablando de calidad y en distintas dimensiones de lo que es la universidad, como son la calidad de la docencia, la calidad de investigación y calidad en los procesos generales de funcionamiento de la universidad.

Me referiré a la calidad sobre los aspectos que más conozco que son investigación y en la docencia. Existen múltiples evidencias de que la enseñanza participativa, en ocasiones, se convierte en una suerte de simulacro, donde los estudiantes están perdiendo su tiempo y no están progresando ni profundizando en la materia. No obstante, la calidad de la enseñanza todavía es un reto pendiente que pasa, entre otras cosas, por la calidad del sistema organizativo de la universidad.

Digo esto porque en determinadas lógicas de cómo entender la universidad -aunque sean con pequeños grupos- el profesor dicta su clase y tiene que marcharse a otra para tener un sueldo digno para poder subsistir, en esos casos es imposible poder hablar de procesos de calidad. Por otro lado, en universidades públicas masificadas por la equidad, también persiste un desafío en torno a la calidad porque sus profesores necesitan modernizar su enseñanza.

La calidad de la enseñanza tiene que ver con la propia capacitación, con el propio nivel pedagógico y científico del profesor, pero esto también está influido por el contexto organizativo, filosófico y biológico de la institución en la que se produce esa práctica de enseñanza.

Antes, el tiempo al interior de la universidad destinado a la investigación era un tiempo de maduración, necesario para que acontezca el conocimiento. Ahora es un tiempo de producción, que tiene un valor monetario y se ha acortado, precisamente, por esa lógica industrial. En esto hay un peligro enorme en la universidad.

Finalmente, ¿cuál es el sentido último de la función de la universidad? ¿responder a las necesidades de manera unidireccional y acrítica del mercado del conocimiento? Y, por tanto, ¿asumir que la lógica mercantil tiene que imperar en los procesos de producción de conocimiento? ¿o pensar que la universidad, además, y sobre todo debe ser el lugar de la crítica, el lugar de la vanguardia intelectual? En este contexto, debemos poner freno a ese tipo de prácticas que, a mi juicio, contienen serios peligros para la noción de universidad que deberíamos mantener.

Revisa también la entrevista en video:

Carolina Escobar, periodista Facultad de Ciencias Sociales.

Jueves 24 de noviembre de 2016

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