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Lo que dejó la Reforma Agraria en Chile que permite comprender el modelo socioeconómico actual

En la actualidad, resulta impensable imaginar el desarrollo de la sociedad chilena como la conocemos sin la Reforma Agraria.

En la actualidad, resulta impensable imaginar el desarrollo de la sociedad chilena como la conocemos sin la Reforma Agraria.

 Gran parte de la Reforma quedó y con ella tuvo que surgir la empresa exportadora, sin ella no existiría la vitinivicultura de hoy, por ejemplo , según Gonzalo Falabella, académico de Sociología.

"Gran parte de la Reforma quedó y con ella tuvo que surgir la empresa exportadora, sin ella no existiría la vitinivicultura de hoy, por ejemplo", según Gonzalo Falabella, académico de Sociología.

En la sociología, mucho se ha estudiado y analizado la Reforma Agraria, proceso que vive sus 50 años desde que comenzó a gestarse, cuyos efectos extrapolan el ámbito económico, específicamente productivo, ya que modificó sustancialmente las relaciones sociales entre trabajadores rurales y dueños de fundos, otorgándoles mayores derechos, poder de organización y negociación laboral, en definitiva, una mejor calidad de vida. Aristas que expone el académico del Departamento de Sociología e investigador, Gonzalo Falabella, en una revisión histórica de la realidad chilena agrícola, a partir del siglo XIX hasta el presente.

En la actualidad, resulta impensable imaginar el desarrollo de la sociedad chilena como la conocemos sin la Reforma Agraria, un proceso inevitable debido a las precarias condiciones de vida que debía enfrentar el campesinado chileno. Medio siglo ha pasado del inicio de dicho proceso sustancial para el país que transformaría el campo a lo largo de todo el territorio nacional.

Tal como lo recuerda una cápsula conmemorativa audiovisual, realizada por la Vicerrectoría de Extensión y Comunicaciones, previo a la reforma, en nuestro país, había aproximadamente 1,8 millones de personas que trabajaban en el campo como inquilinos; 10 mil latifundios representaban el 78 por ciento de la superficie agrícola, mientras que las pequeñas explotaciones campesinas sólo disponían del 8,5 por ciento.

Hasta 1973, cuando el Golpe Militar detuvo la Reforma Agraria para implementar un nuevo proceso de transformación en el agro –produciéndose el traspaso de la tierra a nuevos capitalistas, quienes modernizaron la producción agrícola y convirtieron en proletarios a los campesinos, entre otros cambios– se habían expropiado casi 10 millones de hectáreas y 5.809 predios, eliminando efectivamente –y como se esperaba– el latifundio en el país.

La reforma, que sería la base para el desarrollo posterior del mundo rural y agrario nacional, es analizada en cuanto a sus reales repercusiones hasta hoy vigentes por el académico del Depto. de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, Gonzalo Falabella, quien es Doctor en Desarrollo de la Universidad de Sussex, Inglaterra, y Master en Sociología de la Universidad de Wisconsin-Madison, Estados Unidos.

-A su juicio, ¿como cuáles fueron las consecuencias sociopolíticas que trajo esta reforma inédita?

Lo primero es que la pequeña propiedad nació a fines del siglo XIX, cuando la gran hacienda comenzó a vender las partes que no le interesaban y numerosos pequeños propietarios de los pueblos rurales decidieron comprar. Baraclough posee un estudio sobre las tres guerras civiles que hubo en Chile en contra de los latifundistas.

Según él, hubo un grupo de latifundistas que apoyó al ex presidente José Manuel Balmaceda y que si apoyó la revolución de los mineros del cobre que querían industrializar el país. Lo interesante es que había dos tipos de latifundistas, hecho que ni siquiera un historiador chileno reconoce. Uno de ellos eran los molineros, es decir, quienes producían el trigo y, por otro lado, los de las viñas que industrializaban.

Chile tenía un mercado interno con condiciones expeditas para la comercialización, con una línea longitudinal y barcos; estaba comunicado. A diferencia de Estado Unidos, país que debió montar un ferrocarril desde el Atlántico al Pacífico para unir el país. Si bien no era Brasil o Estados Unidos, el mercado chileno era bastante grande.

En esa época, se daba una relación social capitalista al interior de nuestra sociedad, conformada por torrantes y temporeros, entre otros grupos. Los torrantes tienen origen de 1690, y ellos no eran peones, sino que iban de fundo en fundo. La hacienda ya poseía una dimensión bastante moderna, y por eso la gran discusión del siglo XIX era cambiarla y modificar la producción de monocultivo exportador de la minería.

Al observar la historia, el siglo XIX fue un periodo de lucha entre mineros y latifundistas. La guerra civil de 1891 duró nueve meses, en la cual de 3 millones de chilenos murieron 10 mil, mientras que en durante la dictadura militar murieron 3 mil. El cambio a la agricultura era algo clave en la historia de Chile, por eso la Reforma Agraria resultaba primordial. Más que distribución significó cambiar la forma de poder y darle dignidad a la gente.

Por otro lado, implicó tener costos más baratos porque las personas no producían mucho muchas veces pudiendo hacerlo; al mismo tiempo permitió dejar de importar alimentos. Hoy, Chile es uno de los grandes productores del mundo, en gran medida gracias a la Reforma Agraria.

Al tomarse el poder, Augusto Pinochet no se atrevió a ir en contra de la ley de la República y, por tanto, no la deshizo la Reforma Agraria. La tomó e hizo “triquiñuelas” como toda la corruptela política que conocemos en la actualidad, así que una “des-reforma agraria” durante su mandato, en lo grueso, no hubo. Más bien hubo otro tipo de “des-reforma agraria” la cual expongo con dos explicaciones.

La primera es que la tierra –que era de tipo comunitaria o llamada asentamiento y que fue la unidad que creó la Ley de 1967–, se privatizó. No se fijó el asentamiento como propiedad comunitaria definitiva, sino que lo dejó abierto por unos 10 a 20 años más, momento en el cual se decidiría que hacer con ella.

Pinochet pensó que con el reparto individual de tierra los campesinos quedarían felices. Ellos quedaron, individualmente, dueños de la tierra dentro de la familia, lo mismo hicieron entre los mapuche, lo que produjo su desintegración, acabando con la comunidad mapuche y repartiendo todo. Se produjo mucha “des-reforma agraria” vía privatización. No se reconstruyó la hacienda, sino que apareció una nueva unidad llamada empresa agrícola, y sobre todo, exportadora. Ejemplos al respecto fueron la industria frutícola y vinícola.

-¿A quiénes afecto o repercutió, mayormente, la implementación de la Reforma?

La Reforma Agraria afectó a un tercio de la tierra, no más. Por su parte, la “des-reforma agraria”, de todo lo que se repartió, si llegó al 30% es mucho. Y el otro tercio quedó más o menos en manos de los dueños de fundo, cuyas 80 hectáreas básicas –que en el valle del Maipo era mucha tierra– no se podían expropiar y seguían en manos de las familias. Al sumar todo eso es posible notar que, a pesar de todo, sí hubo un cambio muy grande.

Cabe destacar también que 200 mil campesinos se organizaron gracias a la ley de organización y negociación campesina, proceso paralelo a la Reforma Agraria. Sólo se habla de ella, pero no se habla de la ley que les brindó la organización y el derecho a negociación. Hubo confederaciones nacionales gravitantes. Desde la vereda política, el núcleo político reaccionario más importante desapareció con el régimen militar; Pinochet no lo reconstituyó como tampoco lo hicieron los grupos económicos industriales. Él gobernó quedó sin clases sociales organizadas.

Existe un sistema moderno de exportación en Chile –de los más dinámicos del mundo– pero que se encuentra corrupto en su institucionalidad. Gran parte de la Reforma Agraria quedó y con ella tuvo que surgir la empresa exportadora, sin ella no existiría la vitinivicultura de hoy. A comienzos de la nueva normativa agraria no habían más de cinco viñas, entre ellas: Casablanca, Concha y Toro y Undurraga, las más conocidas; actualmente, en cambio, hay más de 100. Sin Reforma Agraria no se entiende la vitinicultura contemporánea ni la creciente y exitosa exportación de frutas al resto del mundo.

Carolina Escobar, periodista Facultad de Ciencias Sociales.

Jueves 14 de diciembre de 2017

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